jueves, septiembre 8

Vivir bien en la Tierra


¿Qué condición general implica que una persona esté bien? Digamos que un estado de bienestar aplicado a los tres aspectos del ser humano: salud física, mental y emocional/espiritual. ¿Qué proporciona ese bienestar? El alimento, el abrigo, un lugar donde habitar, un entorno social agradable, cosas que estimulen el deseo de conocer y aprender, suficiente descanso, una actividad que satisfaga al individuo, ciertos conocimientos comunes, entretenimiento, ejercicio (en los tres aspectos), un propósito personal y colectivo.

Suena más o menos simple, ¿verdad? La naturaleza provee suficiente alimento, hay mucho espacio para que lo ocupemos, hay muchísima gente, información para aprender, actividades para hacer, tiempo de sobra para relajarnos, tenemos infinitas maneras de hacer algo interesante con nuestras vidas, una galaxia y un universo por explorar... pero la realidad, como bien sabemos, es otra. ¿Qué carajos sucede? Se supone que somos los que tenemos el cerebro avanzado pero son los otros animales los que parecen saber mejor cómo vivir bien.

Tal vez no sea muy certero señalar aquellas cosas que ejercen poder masivamente sobre nosotros en general: religión, política, economía y moral (entendida como aquellas cosas que por consenso acatamos y reafirmamos sin cuestionar, dentro de una colectividad) En primer lugar, no es el poder que estas instituciones tienen y ejercen sino el poder que nosotros les cedemos. Que Dios habló con el Vaticano y dijo que tal cosa estaba bien, que Cristo le enseñó a un montón de gente hace miles de años... que el poderoso... Krugen... que el Iluminado dijo que recolectáramos fondos... y ahí está el montón que dice «SI» así sin más. Están los que con sus fuertes principios políticos discuten del tema, unos más pedantes que otros, y luego van, votan y ya. Otros sólo se quejan, otros como yo ni sabemos cómo se llaman los presidentes :P Votar, pagar impuestos, participar en encuestas, opinar en Twitter (ya ni en blogs, supongo) y protestar: así suele ser la participación ciudadana en los asuntos de su país... a menos que afecte intereses de ciertos colectivos, que es cuando medio se manifiestan (no de manera muy estratégica, que digamos)

La economía es el punto más grave, por obvias razones. Pensamos en ella como aquello que debe dar balance a nuestras vidas, pero es precisamente por su naturaleza que hace lo contrario. El comercio no es intercambio, su esencia es sacar provecho de otras personas porque de otro modo no habrían ganancias. Asumimos que el progreso es acumular riqueza, lo cual no es otra cosa que acaparar o monopolizar recursos. Producen en cantidades innecesarias, crean necesidades innecesarias. Queremos todo nuevo, que nos enseñen nuevas maneras de gastar el dinero, esperamos el día de sueldo para inyectarnos nuestra insulina de consumo. No compartimos ni reusamos; muchas veces ni siquiera sabemos cómo hacerlo.

La moral, o las morales, son el punto fuerte y débil a la vez de nuestro problema de no poder vivir bien en este mundo. Es fuerte cuando dejamos pasivamente que sea así porque de esa manera lo aprobamos. Es débil cuando los individuos comienzan a hacer algo específico en oposición a aquello que la moral local espera que hagamos; no es la rebeldía destructiva de esos que se hacen llamar «revolucionarios» sino acciones positivas, significativas, simples pero contundentes: cosas que crean tendencias y luego se convertirían en nuevas morales.

Empezamos a cambiar el mundo cuando le decimos a la religión: no, no la ha dicho ningún dios y tengo mis propios criterios; cuando no permitimos que las campañas políticas sean concursos de feria; cuando dejamos de chorrear babas por las pendejadas innecesarias que salen en los anuncios; cuando nos importe un bledo la manera en que nos mire el mundo si intentamos actuar diferente.