jueves, octubre 6

Catrín en Japón Cap. 7


El 4 de Octubre del 2004... ¿llegué a Japón o me fui Colombia? Bueno, por esos días fue que comenzó mi vida en otro país. En cada año que pasa me gusta hacer balance o simplemente comparar mis sensaciones al respecto. Así que vamos a ver con que salgo en esta entrada (para mis blogs nunca hay borradores, a duras penas me tomo la molestia de releer lo que he puesto para ver si hay alguna clase de error... ¿lo habían notado? :P)

Justo la otra semana, cuando estaba hablando de la «deliciosísima trinidad» en mi otro blog «Me Gusta», recordé que lo último que comí en Colombia fue una hamburguesa napolitana en el «Presto» del aeropuerto, por cortesía de mi querida hermana. Me acuerdo que era una hamburguesa cuadrada... ¿rectangular? ¡bueno, no era redonda, maldita sea! Era la segunda vez que la comía; en realidad, fue porque me había gustado tanto la primera que mi hermana me volvió a invitar de esa. Desde que era pequeño, ella siempre me ha consentido; se supone que así son las hermanas cuando hay tantos años de diferencia, que van asumiendo un extraño rol maternal. En fin.

¿Cómo he vivido en Japón estos años? Humm... Sospecho que la incertidumbre tan horrorosa que sentí durante las primeras semanas en el archipiélago marcaron bastante mi manera de vivir acá. En Colombia podía ser el neet de la familia y no pasaba... casi nada, pero aquí soy el pariente tercemundista de japoneses que vino de rebusque y la idea de quedarme en la calle o tener que devolverme con una mano adelante y otra atrás a depender otra vez de mis familiares... ¡NUAH! Así pues, que intento vivir de la manera más prudente posible, en general, pero eso sí: soy capaz de comerme una buena pizza en una noche y seguir el resto de ellas a punta de ramen o enlatados hasta fin de mes; bueno, mi amiga Reiki dice que así somos los hombres solteros.

Por otra parte, tampoco es que me haya esmerado mucho en eso que llaman «progresar» Recuerdo a unos «dekasegi» colombianos que me decían «nooo, hombre, trabaje más, ahorre bastante y cómprese una casa o monte un negocio en Colombia» Y así, muchas otras cosas por el estilo he escuchado. La realidad es que hasta ahora estoy intentando medio estudiar la lengua japonesa :P ¿Mediocridad, soberbia? Será, no sé. El caso es que yo no puedo aceptar la idea de matarme ocho horas diarias para supuestamente tener el poder adquisitivo de cosas que no tendré tiempo de disfrutar y todo en pos de tener una vejez «segura» Mi ambición no es tener una casa y enchutarle una esposa y unos críos... más el perro y el carro. Eso de la «estabilidad laboral» es un mito para mí: hoy puedo estar bien cómodo escribiendo estas tonterías y en un mes o un año podría estar... ¿cancelando Internet y vendiendo la compu? (ojalá que no pase nunca a menos que sea para cambiar a un mejor plan o comprarme una nueva compu o algo así ¡ay, mamá! :s)

Hasta hace unos pocos meses me molestaba sobremanera que me preguntaran si estaba contento en Japón (especialmente mi mami :P) Ahora no tengo reparos en decirlo: «sí, estoy bien, estoy contento en Japón» ¿Por qué? Porque es aquí donde he aprendido que no importa el lugar o la razón: soy YO el que puedo elegir como sentirme. Llamenme pseudo-cristiano, filósofo barato o lo que sea, pero ese mi pensar actual y no tengo planes de dejarlo. Pero bueh, si lo ponemos en el contexto japonés, en su peculiar atmósfera social... ehmmm... esteee... ajá ¡uy ya es hora de «preparar» la comida! con permiso, chao.


2 comentarios:

JIFF dijo...

Creo que a los hombres (ya medio ancianos) de nuestra generación en verdad "nos cae el 20" de que no tenemos que vivir la vida que otros esperan de nosotros, a pesar de que sus consejos sean bien intencionados, simplemente no hay recetas universales.

Esperemos poderle visitar algún día por allá

Blanca dijo...

Hace poco leí un libro de una frances en japón que se titulaba " Estupor y temblores" No recuerdo el nombre de la autira. Yo tampoco soy de borradores ni de aprenderme cosas.

No sé por que te digo esto.

El libro me gustó.

Lou , gracias por el saludo del otro dia.