¡Ay! Ya comienzo a sentir los síntomas de la disipación decembrina. En las últimas semanas blogueras que me quedan del año, antes de salir a mis vacaciones imaginarias, haré el balance y el mensaje de «felices fiestas»; así pues, que hoy... hoy es un post de relleno ¡jajajaja! ¡NO. MENTIRAS! A ver, si fuera lo último que pudiera decir, ¿qué diría? humm...
Primero que todo, me gustaría expresar lo mucho que deseo que la humanidad inicie una nueva era. Sospecho que estamos comenzando a comprender que vivir para consumir no lo es todo. He visto que ya se habla más de «evitar lo corporativo» También, supongo que las tragedias naturales que ha habido este año nos han hecho pensar en lo peligroso que es para nosotros arruinar el estado de nuestro hábitat; el planeta puede adaptarse a otras formas de vida, nosotros somos simples arrendatarios. Quizás también, aunque no sé hasta que punto, ese ambiente global de la Internet ha hecho que nos acerquemos más, en cuestiones que nos gustan y/o interesan, cerrándonos menos en las cosas de los países en que vivimos.
Si de verdad queremos avanzar hacia algo mejor, debemos dejar de enfocar la idea de «progreso» hacia los objetos y centrarnos más en las personas, en nosotros mismos. Hace mucho tiempo atrás debimos habernos dado cuenta, por ejemplo, que las «maravillas» de la tecnología militar son tanto muestra de avance técnico como de atraso intelectual... o de especie. Fabrican supercomputadores para hacer funcionar aparatos que tienen la misma función que el garrote de un hombre de las cavernas. Lo peor de todo es que eso tiene sentido para la humanidad porque favorece otro absurdo humano: la acumulación de bienes, el dinero. Eso nos lleva al asunto de la pobreza.
El problema de la pobreza se aborda desde varios puntos de vista. Inventos que puedan erradicar el hambre, sistemas económicos de desarrollo, eliminación del dinero, programas de educación, caridad, organizaciones... etc. Ciertamente, la mayor parte de los necesitados son víctimas, pero esas víctimas también juegan un papel en la persistencia del problema. He aquí otra distorsionada idea sobre el progreso enfocado hacia los objetos: tener una gran cantidad de «nuestro propio...» A muchos nos han metido de niños esa imagen de éxito en la que somos propietarios de un montón de metros cuadrados de tierra a los que les embutimos un montón de cosas; no contentos con ello, la idea es ir reemplazando tales cosas por otras más modernas o más a la moda, en un ciclo que termina hasta que no haya más vida o no haya más dinero. Lo que quiero decir es que los afortunados que podemos trabajar, luchamos en una pirámide para mantenernos a flote y disfrutar del consumo, dejando siempre a alguien cada vez más abajo... bueno, eso ya lo sabe todo el mundo ¿verdad? (lo que lo hace aun peor :S) En fin, en su gran mayoría, esos que se quedan cerca del suelo o en él no son diferentes a los demás: en el fondo son tan mezquinos como el quiere (o puede) pasearse en un Mercedes. ¿Y qué? Pues que mientras sigamos en el mismo juego todos, es obvio que siempre alguien tendrá que ocupar un lugar en esa pirámide.
Me pregunto hasta cuando vamos a seguir ignorando el hecho que no hay soluciones políticas, económicas, científicas/tecnológicas y mucho menos religiosas que de por sí logren llevarnos a ese bienestar propio de una sociedad avanzada (o de la imagen cuasi-utópica que podamos hacernos de ella). Por muy flojo, ñoño o infantil que pueda sonar: sí, la solución está en nosotros mismos. ¿Cómo podría tener sentido práctico eso? ¡Joder! si tantas masas son capaces de seguir una misma moda, matarse para adquirir las mismas cosas y así por el estilo, es imposible que no seamos capaces de elegir desarrollar nuestros talentos propios, nuestra capacidad para cooperar. La clave es cuestionar, decidir, aprender y cambiar; es un camino solitario que a la vez podemos y sería mejor que recorriésemos juntos.
Primero que todo, me gustaría expresar lo mucho que deseo que la humanidad inicie una nueva era. Sospecho que estamos comenzando a comprender que vivir para consumir no lo es todo. He visto que ya se habla más de «evitar lo corporativo» También, supongo que las tragedias naturales que ha habido este año nos han hecho pensar en lo peligroso que es para nosotros arruinar el estado de nuestro hábitat; el planeta puede adaptarse a otras formas de vida, nosotros somos simples arrendatarios. Quizás también, aunque no sé hasta que punto, ese ambiente global de la Internet ha hecho que nos acerquemos más, en cuestiones que nos gustan y/o interesan, cerrándonos menos en las cosas de los países en que vivimos.
Si de verdad queremos avanzar hacia algo mejor, debemos dejar de enfocar la idea de «progreso» hacia los objetos y centrarnos más en las personas, en nosotros mismos. Hace mucho tiempo atrás debimos habernos dado cuenta, por ejemplo, que las «maravillas» de la tecnología militar son tanto muestra de avance técnico como de atraso intelectual... o de especie. Fabrican supercomputadores para hacer funcionar aparatos que tienen la misma función que el garrote de un hombre de las cavernas. Lo peor de todo es que eso tiene sentido para la humanidad porque favorece otro absurdo humano: la acumulación de bienes, el dinero. Eso nos lleva al asunto de la pobreza.
El problema de la pobreza se aborda desde varios puntos de vista. Inventos que puedan erradicar el hambre, sistemas económicos de desarrollo, eliminación del dinero, programas de educación, caridad, organizaciones... etc. Ciertamente, la mayor parte de los necesitados son víctimas, pero esas víctimas también juegan un papel en la persistencia del problema. He aquí otra distorsionada idea sobre el progreso enfocado hacia los objetos: tener una gran cantidad de «nuestro propio...» A muchos nos han metido de niños esa imagen de éxito en la que somos propietarios de un montón de metros cuadrados de tierra a los que les embutimos un montón de cosas; no contentos con ello, la idea es ir reemplazando tales cosas por otras más modernas o más a la moda, en un ciclo que termina hasta que no haya más vida o no haya más dinero. Lo que quiero decir es que los afortunados que podemos trabajar, luchamos en una pirámide para mantenernos a flote y disfrutar del consumo, dejando siempre a alguien cada vez más abajo... bueno, eso ya lo sabe todo el mundo ¿verdad? (lo que lo hace aun peor :S) En fin, en su gran mayoría, esos que se quedan cerca del suelo o en él no son diferentes a los demás: en el fondo son tan mezquinos como el quiere (o puede) pasearse en un Mercedes. ¿Y qué? Pues que mientras sigamos en el mismo juego todos, es obvio que siempre alguien tendrá que ocupar un lugar en esa pirámide.
Me pregunto hasta cuando vamos a seguir ignorando el hecho que no hay soluciones políticas, económicas, científicas/tecnológicas y mucho menos religiosas que de por sí logren llevarnos a ese bienestar propio de una sociedad avanzada (o de la imagen cuasi-utópica que podamos hacernos de ella). Por muy flojo, ñoño o infantil que pueda sonar: sí, la solución está en nosotros mismos. ¿Cómo podría tener sentido práctico eso? ¡Joder! si tantas masas son capaces de seguir una misma moda, matarse para adquirir las mismas cosas y así por el estilo, es imposible que no seamos capaces de elegir desarrollar nuestros talentos propios, nuestra capacidad para cooperar. La clave es cuestionar, decidir, aprender y cambiar; es un camino solitario que a la vez podemos y sería mejor que recorriésemos juntos.
2 comentarios:
te acuerdas de mi? jolie smoke ...
Jolie, el nombre me sonaba, luego me acordé de una historia de una rockera o algo así. También creo que me añadiste al hi5. Ah, y te hice enojar una vez :P
Publicar un comentario en la entrada